Fotos: Joan Gómez


         
         
         
   


 PLETORÍA
(Manel Castromil)

El genio sin postura desmenuzó los minutos paquidérmicos,
   las leporinas horas con la malla mosquitera de sus manos,
   de su trueno de ante, de su luz carillena.
   La vimos sentada en un acápite de la noche sabatina;
   la vimos regresar de los áfricos terrones,
   de los porches vespertinos con mecedora de enea;
   pero no la vieron los fascistas ni los alamines diestros,
   las rufas avestruces, la palabra artificio.
   Porque después de cada monumento, ella,
   no lo que se espera de ella, sino ella misma,
   decía oh yeah y se le escapaba un tímido riso.
   Se diría, si no fuera por las dovelas parentales
   que mantienen en pie las tablas, el reloj de cuco,
   los lagrimales en su función más básica, la noche entera;
   se diría, pues, de no ser por ello -y disculpen la torpeza-,
   que de la levada en aluvión uno podría morirse,
   morirse de una muerte nada grave, respetuosa muerte besucona.
   Por eso uno acaba por verificar que está ahí,
   que las puntas de sus zapatos se miran ligeramente,
   que no sabe venderse porque no está en venta,
   que el jabón convierte en sinéresis su estatura propincua;
   uno ve cómo, después de romper otro molde,
   de levantar otro perdurable templo de azúcar,
   dice alright, moltes gràcies,
   tapiando el aplauso,
   como si el aplauso fuese el espiche del cual huir.
   Así es, en esta parentética noche, la ausencia de miedo.
   Porque yo la vi. Vestía los cueros de los antihéroes
   y la guitarra de palo a horcajadas en sus rodillas
   y los adúcares desgarrados brizando la madrugada;
   los gajos del hígado, del estómago, del alma.
   Así los domadores líquidos. Así el genio exento de pose.

(Poema escrito por Manel Castromil después del concierto de Big Mama en Matadepera el 7/10/2006)